Blancos y negros de la era Gates

La revolución tecnológica puede abrir y de hecho abre muchas puertas para los habitantes del mundo desarrollado, pero en los países en vías de desarrollo consigue algo más: la red consigue proporcionarles una salida al mundo muy difícil unos años atrás. Aunque también conlleva peligros que no deben ser pasados por alto.

Esta es una de las reflexiones que podemos obtener del documental De Gutemberg a Gates, que analiza la presencia  y peso actual de la tecnología en el mundo a través de casos particulares y el hilo conductor de una entrevista a Bill Gates.

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Particularmente llamativos son los datos que nos vienen desde Bután, pequeño reino humalayo con una población de algo más de 2 millones de habitantes, según datos de Wikipedia. Su digitalización comenzó apenas hace unos años apra la mejora de la accesibilidad a sus documentos arntiguos: tablas con los datos grabados. Aún así no dejan de escribir los datos más importantes en papel de arroz, para asegurarse de su conservación a lago plazo. La creación de la versión online de su periódico ha permitido que los butaneses residentes en el extranjero conozcan lo que está pasando en su país con facilidad, novedad que ha sido acogida con emoción.

En la vecina India, los ciber-cafés ganan cada vez más espacio, y aún así, para la mayoría de la red sigue siendo inalcanzable. Y es que, en un país en el que ni la revolución de Gutemberg ha teminado de producirse (un tercio de la población es analfabeta) se convierte en muy difícil la generalización del uso de las nuevas tecnologías a corto o medio plazo. Esto es un gran problema de la revolución tecnológica en los países de desarrollo: surgen nuevas oportunidades, pero no todos los sectores de la población pueden aprovecharlas.

Tenemos entonces la consecuencia realmente grave de todo esto: las desigualdades sociales pueden crecer en lugar de disminuír. La imparable extensión de las nuevas tecnologías en los últimos años no lleva el mismo ritmo vertiginoso en toda la superficie.

No obstante, no hay que verle sólo el lado negativo al asunto: puede que tras superar los obstáculos, Internet sí logre introducir mejoras en la vida diaria de los habitantes de los países con más dificultades. La progresiva reducción de costes conseguirá que el acceso a Internet esté cada día más extendido y los habitantes tengan acceso a más información. En este sentido los medios tendrán el importante papel de satisfacer las necesidades de un público cada vez más global. Globalvision ya trabaja para ayudar a extender información sobre países que aún no tienen muchos recursos para ofrecerla por sí mismos, y miles de blogs de ciudadanos de lugares del mundo donde la utilización de Internet es muy reducida están cumpliendo una función informativa muy importante.

Los cambios son tan rápidos que es imposible predecir cómo estará la situación de aquí a cinco años, pero lo que sí se puede decir sin mucho temor a equivocarnos, es que será distinta a la actual. Crucemos los dedos para que sea mejor, y seamos conscientes los futuros periodistas de la importante labor de la que nos tocará formar parte en el futuro: conseguir que la red no sólo conecte a unos pocos, y garantizar una cobertura global.

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